El problema se
presenta a nivel nacional, generando la exclusión de una población de grandes
proporciones pues cerca del 11% de los estudiantes manifiesta haber consumido
sustancias sicoactivas alguna vez (ODC, 2016) . Por lo que la población en riesgo de
exclusión educativa es importante. De no atenderse esta problemática de
exclusión, se seguirán vulnerando los derechos en educación de estas personas.
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| Foto: Revista Semana (Ver artículo) |
Al momento, el
tratamiento de este problema por parte de las instituciones se da de manera
represiva y la oferta de servicios de apoyo es mínima o nula. El estudiante
drogadicto tratado de esta forma termina arrastrando un prontuario de faltas de
diversa gravedad que dificultan su inclusión en las instituciones educativas
una vez han sido desescolarizados de la anterior.
Las tecnologías de
la información y la comunicación (TIC) pueden ofrecer una posibilidad de
inclusión con el resto de la comunidad académica, permitiendo al estudiante
seguir con sus estudios de forma sincrónica virtual desde su hogar o
institución de salud, a la vez que disminuyen la oportunidad de que el
estudiante drogadicto altere el ambiente de aprendizaje en el aula. Una vez el
estudiante drogadicto que está bajo tratamiento llega a un punto de control
sobre sí mismo, es posible que se pueda reanudar su formación presencialmente
en el aula. De esta manera se podría brindar un medio de inclusión educativa y
de reivindicación y restablecimiento de derechos a los estudiantes en situación
de discapacidad por drogadicción.
Referencias
ODC. (2016). Reporte
de Drogas de Colombia. Ministerio de Justicia y del Derecho - Observatorio
de Drogas de Colombia. Bogotá: Legis. Obtenido de
https://www.odc.gov.co/Portals/1/publicaciones/pdf/odc-libro-blanco/ODC0100322016_reporte_drogas_colombia_2016.pdf

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